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  • El trastorno bipolar es un desorden mental mayor, que causa inusuales cambios de ánimo, energía y niveles de actividad. Quienes lo sufren se sienten a veces muy felices y mucho más activos que de costumbre. A este estado se le denomina manía. Y otras veces se sienten muy tristes y deprimidos, y son mucho menos activos. A este estado se le llama depresión.

    Los cambios producidos por el trastorno bipolar no son los mismos que los altibajos que experimentan todas las personas. Los síntomas bipolares son más severos, y pueden dañar las relaciones entre personas y perjudicar actividades como el estudio o el empleo. En algunos casos, los síntomas pueden ser peligrosos. Algunas personas que sufren el trastorno intentan hacerse daño e incluso suicidarse. No obstante, quienes padecen esta condición pueden obtener tratamiento y controlar su enfermedad para llevar vidas productivas y exitosas.

    Cualquier persona puede desarrollar el trastorno bipolar. A menudo comienza en las últimas etapas de la adolescencia o al comienzo de la adultez, entre los 15 y 25 años, pero también niños y adultos pueden padecerlo.


    *Datos de Institutos Nacionales de la Salud de los Estados Unidos (NIH por sus siglas en inglés), de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del doctor Mauricio Sánchez Morales, médico de la Asociación Mundial de Psiquiatría, zona 3 (México, Centroamérica y el Caribe).

    Síntomas

    Los cambios de estado de ánimo en el trastorno bipolar se llaman “episodios anímicos”. Las personas pueden tener episodios maníacos, depresivos o mixtos. Un episodio mixto incluye síntomas tanto maníacos como depresivos. Estos episodios provocan síntomas que duran una semana o dos, y a veces más. Durante un episodio, los síntomas se presentan todos los días durante la mayor parte del día.

    Los episodios anímicos son intensos, las emociones son fuertes y ocurren junto a cambios extremos en los niveles de comportamiento y energía.

    Quienes sufren episodio maníaco pueden:

    Quienes sufren episodio depresivo pueden:

    Sentirse alegres o animados

    Sentirse muy deprimidos o tristes

    Sentirse nerviosos o ansiosos

    Sentirse preocupados y vacíos

    Hablar muy rápido y de muchas cosas distintas

    Tener problemas para concentrarse

    Estar inquietos, irritados o sensibles

    Tener dificultad para dormir

    Creerse capaces de hacer muchas cosas a la vez y estar más activos de lo normal

    Perder interés en actividades divertidas y volverse menos activos

    Hacer cosas arriesgadas como gastar mucho dinero o tener relaciones sin cuidado.

    Sentirse cansados o sin energía y en algunos casos pensar en la muerte o el suicidio

    Causas

    Las causas del trastorno bipolar no son claras, y diversos factores pueden incidir, pero se sabe que los genes son una causa, porque la enfermedad es hereditaria, y también existe una anormalidad en la estructura y función del cerebro. La ciencia continúa estudiando esta enfermedad.


    *Datos de Institutos Nacionales de la Salud de los Estados Unidos (NIH por sus siglas en inglés), de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del doctor Mauricio Sánchez Morales, médico de la Asociación Mundial de Psiquiatría, zona 3 (México, Centroamérica y el Caribe).

    Diagnóstico

    Trastorno bipolar tipo I

    Se define por episodios maniáticos o mixtos que duran al menos siete días, o por síntomas maniáticos tan severos que la persona necesita atención hospitalaria inmediata. Usualmente, también ocurren episodios depresivos que suelen prolongarse hasta por dos semanas.

    Trastorno bipolar tipo II

    Se define por un patrón de episodios depresivos y episodios hipomaníacos (a diferencia de la manía, quienes padecen hipomanía son plenamente funcionales, e incluso son más productivos de lo normal. La hipomanía no conlleva episodios psicóticos).

    Trastorno bipolar no especificado

    Se diagnostica cuando existen síntomas de la enfermedad pero no cumplen los criterios para ser diagnosticados como tipo I o tipo II. Sin embargo, los síntomas son claramente diferentes del rango normal de comportamiento.

    Ciclotimia

    Es una forma leve de trastorno bipolar. Las personas tienen episodios de hipomanía y leves depresiones por al menos dos años, pero los síntomas no cumplen los criterios para ninguna otra clasificación de trastorno bipolar.


    *Datos de Institutos Nacionales de la Salud de los Estados Unidos (NIH por sus siglas en inglés), de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del doctor Mauricio Sánchez Morales, médico de la Asociación Mundial de Psiquiatría, zona 3 (México, Centroamérica y el Caribe).

    Tratamiento

    El trastorno bipolar no tiene cura, pero los síntomas pueden controlarse a través de tres tipos de tratamiento.

    Medicamentos

    Distintos tipos de medicamentos pueden dar buen resultado. Las personas responden a los medicamentos de distintas maneras, así que el tipo de medicamento seleccionado depende del paciente.

    Terapia

    Distintas clases de psicoterapia pueden ayudar a las personas que sufren trastorno bipolar. La terapia puede ayudar a cambiar su conducta y manejar mejor sus vidas. También puede ayudar a los pacientes a llevarse mejor con amigos.

    Psicoeducación

    El conocimiento del paciente sobre su enfermedad es vital, pues lo ayuda a aprender y reconocer los primeros signos de un posible desbalance emocional.
    *Datos de Institutos Nacionales de la Salud de los Estados Unidos (NIH por sus siglas en inglés), de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del doctor Mauricio Sánchez Morales, médico de la Asociación Mundial de Psiquiatría, zona 3 (México, Centroamérica y el Caribe).

    Cifras


    *Datos de Institutos Nacionales de la Salud de los Estados Unidos (NIH por sus siglas en inglés), de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del doctor Mauricio Sánchez Morales, médico de la Asociación Mundial de Psiquiatría, zona 3 (México, Centroamérica y el Caribe).

    Dos polos en un cuerpo

    Gloria Ruiz tiene trastorno bipolar tipo II. Este se caracteriza por la presencia de hipomanía (estado moderado de manía, que es una elevación anómala del estado de ánimo) y fases depresivas más largas que el trastorno bipolar tipo I. Ella comprende bien su enfermedad y sabe que tendrá que lidiar con ella por el resto de su vida. Desde que fue diagnosticada, en 2011, ha tenido pensamientos suicidas, pero está consciente que son producto de los episodios depresivos que atraviesa como parte de los síntomas de su condición.

    Balanceada, la joven de 25 años, habla de su trabajo como diseñadora gráfica, sus intereses, su perspectiva de la vida y su enfermedad, la que controla igual que un asmático o un alérgico. A continuación, el testimonio de sus crisis, de su amor por la fotografía, de sus ganas de acabar con el estigma que rodea las enfermedades de la mente y su vida normal, como la de cualquiera de los siete mil millones de humanos que buscan su bienestar.

    ¿Cuándo te diagnosticaron el trastorno?

    En el 2011. Tenía 21 años. Si tenés suerte, tenés entre 15 y 20 años de edad cuando te diagnostican, pero en realidad es como entre los 25 y los 30 que sucede. Y hay otra gente a la que se le diagnostica entre los 45 y los 60, y a estos les va peor. La tasa de suicidios más alta está en ese grupo de edad para los bipolares.

    ¿Qué hacías entonces, cómo te lo tomaste?

    La primera vez que me diagnosticaron fue a los 18, en el 2008. Tuve primero un mal diagnóstico, y me empeoré. Ya en el 2011 tuve otra crisis fuerte y terminé donde el psiquiatra. Me hicieron un diagnóstico diferencial, que básicamente es descartar cosas, y terminé con diagnóstico de trastorno bipolar, que con el tiempo se va sabiendo más al respecto y va teniendo más nombres. El mío es tipo II. Es como un título nobiliario al final.
    Mis síntomas comenzaron cuando era adolescente y eran básicamente que no podía dormir, no podía comer y no podía concentrarme en el colegio. Y fallé totalmente en el colegio. Me bachilleré pero de panza. Lo cual dio paso a una nueva ansiedad de qué voy a hacer de mi vida, etc.
    No sabía qué estudiar. Mi mamá se dio cuenta de que no me había prematriculado en ninguna universidad... no sé cómo entré a la Upoli a estudiar Diseño Gráfico. Eso fue para los días que estaba en LA PRENSA, de fotógrafa. Realmente lo que quería era estudiar Fotografía, pero aquí no hay dónde estudiar eso. Entonces escogí Diseño Gráfico. Logré graduarme en el 2012. Pasé dos años desempleada, y en el 2013 empecé el trabajo donde estoy. Es una pequeña agencia de creatividad y diseño. Somos cuatro ahorita.
    ¿Cómo me lo tomo? Pues los bipolares a menos que entremos en psicosis, somos personas normales. No alucinamos ni hablamos con las paredes. En el caso de los trastornos de estado de ánimo, es como que la gente piensa: “¡Oh, yo tengo estados de ánimo! ¿Qué tan malo puede ser?”. O sea, yo he tenido días malos. ¿Qué tan mala puede ser la depresión?

    ¿Cómo han reaccionado las demás personas, quienes te rodean?

    La gente no sabe lidiar con la muerte ni con la enfermedad física ni mental. Con la mental menos, porque ni siquiera tiene ese factor de que vos la podés ver o tocar. Si ni siquiera la mente en su normal funcionamiento es clara para nadie, menos pensar en cómo funciona cuando no lo hace como se supone que debería.
    Mi hermano es autista, por ejemplo, y esa es otra cosa... Yo no puedo entenderlo. Es otro software. Es como un sistema nuevo tratando de entrar en un mundo en que no cabe. En realidad yo no culpo a la gente de que no entienda los trastornos mentales, las enfermedades mentales, las condiciones, porque es muy difícil salir de tu propia vida o querer entrar en otra. Entonces de nada sirve esa actitud de “jueputa, ¿por qué nadie me entiende?” Después me di cuenta que la gente a mi alrededor, la que más me entendía, estaba con cosas similares a las mías. O sea, tengo varios amigos que tienen distintos abanicos de trastornos y demás. Y también tengo amigas muy empáticas.

    Sobre los síntomas, ¿cómo se han manifestado en tu vida?

    En el 2008 yo estaba muy mal por cosas que habían pasado un par de años antes, entonces estaba desanimada todo el tiempo. No podía dormir básicamente. Pero cuando tenía 21 años estaba en una relación con un novio con quien duré desde los 17. Y no sé, de repente él me decía que me veía mal, y me veía mal y entonces tuvimos un gran pleito que duró semanas y terminamos.
    Y entonces me dije “tengo que ver a alguien, esto no puede seguir así”. Y contacté a mi psiquiatra. Me diagnosticaron con depresión clínica y trastorno de ansiedad generalizado. Eso es muy distinto que ser bipolar. Entonces me dio antidepresivos, y eso me envió a la mierda. Porque claro, antidepresivos a un bipolar: te mejora, pero en realidad no estás mejorando... Son una ruleta rusa. Si tenés mala suerte, te pueden dar efecto antagónico, te deprime más.
    Comencé a mejorar, hasta que después tuve un gran choque emocional por una situación y todo se fue a la mierda. Me zampé todos mis medicamentos y tuve una sobredosis y pasé en el hospital dos días. Entonces mi mamá decidió que era mala idea que yo fuera al psiquiatra y pasé castigada durante meses. No veía a nadie, lo cual estaba muy bien porque en realidad estaba deprimida y no quería ver a nadie... Pasé encerrada aquí (en su casa) por meses, hasta que todo el tripeo se pasó y llegué a una estabilidad. Y nada, después me gradué, y me volví a deprimir cuando quedé sin trabajo.
    Después entré a una relación súper autodestructiva con un maje. No era un estilo de vida muy estable el que teníamos. Los dos estábamos desempleados, pero de alguna manera siempre teníamos plata. Entonces éramos esos majes que están eternamente parrandeando. Estaba muy arriba anímicamente, y depués pegué el turcazo. Me deprimí horrible, y él se comenzó a alarmar más y más y más, hasta que me dejó porque no pudo más con mi autodestrucción... ¡Wow, imaginate! Después nos volvimos muy amigos... Fue un maje que representó un gran apoyo para mí.

    Ya diagnosticada y con tratamiento, ¿cómo te va con el trabajo?

    Con mi jefa, la Consuelo (Mora), nos conocemos desde que yo estaba en la secundaria, y un día le dije: “Necesito que me des trabajo ya porque si no voy a morir”. Y ella como que se lo tomó en serio y me dijo que no sabía si tenía plata para hacerlo pero que podían darme un medio-tiempo. Y pues pasé como un año de medio-tiempo hasta que ya me contrataron tiempo completo, y es de 8:00 a.m. a 6:00 p.m., de lunes a viernes.
    La Consuelo tuvo la infinita paciencia de entrenarme en el trabajo durante mucho tiempo, y me esculpió a su imagen y semejanza. Ella quería un clon y lo logró, entonces nos entendemos muy bien. Y ella está clara de lo que tengo.
    Algunos le dijeron al comienzo que cómo me iban a contratar, que en gente como yo no se podía confiar, etc. Pero ella les decía: “Es buena en lo que hace”.

    ¿Cuál es tu punto de vista sobre las enfermedades mentales en general, y que la gente las estigmatiza de “locura”?

    Nadie está loco todo el tiempo. Ni siquiera el que habla solo y se corta la oreja. En mi caso lo veo como tener asma. O sea, el asma existe, pues, y no es como que ves a alguien y decís: “Este es asmático”. Pero puede haber distintos grados de asma, y a alguien puede darle una vez al año, con una fuerte lluvia, qué sé yo. Y el maje se nebuliza y todo bien.
    Ser loco no es una cosa de todo el tiempo. Es episódico. Hay cosas severas, pero muchas veces salís de eso. La cagada es que a veces pensás que no saldrás de ello.
    De unos años para acá he notado esta locura por el fitnes, es como “a ver, hay que hacer ejercicios, hay que hacer para llegar bien a viejo”. Pero eso mismo pasa con la mente. La gente no se cuida la salud mental, solo la salud física. A mí me toca. Me toca cuidarme la mente. Así como el asmático o el alérgico que sabe que la época del polen es su acabose, yo tengo que lidiar con cosas como que mucho estrés emocional me puede dar una crisis, tengo que tener un horario muy estable para dormir. Cuidar mi alimentación por la ansiedad y la tención, comer a ciertas horas...

    ¿Qué pensás del suicidio?

    Cuando tenía como 20 años no veía un gran propósito para vivir más allá de mi vida productiva, me decía “¿para qué voy a vivir más allá de los 50 años?” Pero me di cuenta que... no sé, en realidad hay muchas cosas que me interesan y yo no sé qué podré estar haciendo a los ochenta años, si tengo todas mis facultades mentales, porque yo quiero ser de esas viejitas que pintan y hacen el jardín.